En medio de una profunda indignación regional y nacional se confirmó que el Congreso de la República archivó el proyecto de ley que buscaba crear legalmente la Universidad del Catatumbo, dejando un moderno campus a punto de ser entregado en El Tarra (Norte de Santander) completamente en el limbo jurídico y sin operador.

La obra, que demandó una inversión superior a los $34.000 millones y fue diseñada para beneficiar inicialmente a más de 600 jóvenes de una de las zonas más golpeadas por la violencia y con menor acceso a educación superior en el país, hoy se erige como un elefante blanco por cuenta de la negligencia legislativa.

Los puntos clave de este costoso fiasco institucional:

  • Hundida por tiempos políticos: La iniciativa se cayó el pasado 20 de junio al expirar los plazos del último debate en medio del ajedrez de la campaña presidencial, sin que alcanzara a ser agendada a tiempo.
  • Infraestructura sin alma: El campus cuenta con aulas, espacios dotados y áreas deportivas listas para recibir estudiantes, pero jurídicamente la universidad no existe, por lo que no puede recibir presupuesto ni contratar docentes.
  • Alternativas en el aire: El Ministerio de Educación analiza fórmulas de emergencia —como un comodato temporal con la Universidad Industrial de Santander (UIS)—, lo cual implicaría usar las instalaciones pero sin consolidar el sueño de una universidad pública propia para la región.
  • Estallido social en puerta: Líderes comunales, veedurías ciudadanas y asociaciones campesinas como Ascamcat advirtieron que si el nuevo legislativo no revive con carácter de urgencia la iniciativa, se vendrán movilizaciones masivas hacia el Congreso.

Mientras las comunidades del Catatumbo —donde la cobertura universitaria apenas roza el crítico 1.5%— exigen respuestas, los millonarios ladrillos siguen esperando un milagro legal que les dé vida.